Dos ataques sufrieron los trabajadores de una estación de servicios entre la noche del sábado y la madrugada del domingo. Y en ninguna de esas oportunidades se acercó la Policía, según aseguraron responsables de la playa, ubicada en avenida Alem al 1.700, en barrio 11 de Marzo.

La estación de servicios estaba repleta de vehículos, el sábado a las 23, cuando sufrieron el primer ataque. Dos motos con cuatro personas a bordo detuvieron la marcha en medio de la playa. Según contó un empleado del lugar, quien dijo que no estaba autorizado para dar a conocer su identidad, los cuatro asaltantes llevaban casco y no pudieron ver sus rostros.

“Uno de ellos se bajó, sacó un revólver y le dijo al chico que estaba atendiendo que se quede quieto o le pegaba un tiro en el pecho”, relató el hombre. El asalto se desarrolló delante de todos los automovilistas que esperaban para cargar combustible, quienes no se animaron a intervenir al ver que los ladrones estaban armados.

A la víctima no le quedó más remedio que sacarse el reloj y entregárselo al delincuente. También le dio su teléfono celular y la billetera donde guardaba el dinero recaudado hasta ese momento, que rondaba los $ 3.600.

En cuanto tuvo el botín en sus manos, el asaltante volvió a subir a la moto y los cuatro huyeron del lugar. “Eran motos chicas, de baja cilindrada”, describió el empleado de la estación de servicios.

“Una chica drogada”

Cerca del amanecer, alrededor de las 6.30, los empleados de esa playa sufrieron otro robo. “Vino una chica joven, que estaba drogada y tenía toda la cara lastimada. Se acercó al estante donde tenemos los aceites y se los quiso llevar”, relató el trabajador del lugar que fue testigo del hecho.

De acuerdo a su relato, la mujer estaba fuera de control y se puso violenta. “Agarró unos ladrillos y se los tiró a dos autos que estaban cargando combustible, a uno no le pegó pero al otro le abolló todo el capot”, contó el empleado.

Entre el personal de la playa y los clientes que se encontraban en el lugar consiguieron reducir en el piso a la mujer y quitarle las botellas de aceite que intentaba llevarse. “Llamamos a la Policía pero nunca vinieron. Al final la chica se fue nomás”, agregó el hombre.

Los empleados de la estación de servicios estaban consternados por los dos episodios vividos. Además, según dijeron, hacía varios años que no sufrían hechos de inseguridad.